6 días en Londres. Recorrido completo.

Después de una buena época pensando en un viaje fuera de lo que está siendo nuestra rutina (España- Italia), mi novio me propuso irnos a Londres. Era su sueño desde que era pequeño y por un motivo u otro siempre lo había pospuesto. A pesar de que para mí sería la segunda vez en la capital británica, no lo dudé dos veces. ¡¡Londres siempre te sorprende!! Y tanto es así, que fue casi como ir por primera vez.

En la preparación del recorrido durante nuestra estancia, intenté incluir tanto los “básicos” como algún que otro extra y opciones más alternativas de Londres, para así cubrir las necesidades de ambos. Los seis días que nos pasaríamos en la ciudad nos permitían hacerlo de este modo, pero aún así, volvimos con ganas de repetir y continuar descubriéndola.

Día 1.  El West End.

Nuestro viaje empezó la mañana del lunes 12 de noviembre. Llegamos a Stansted a través de un vuelo directo desde Pisa un poco antes de las 9 de la mañana. Este aeropuerto se encuentra a unos 40 km del centro de la ciudad, pero está muy bien conectado tanto con tren como con autobús. Nosotros nos decidimos por el bus y en él viajamos hasta Baker Street.

Desde aquí nos desplazamos a la estación de metro más cercana y compramos la Oyster. Ya con ella podíamos realizar nuestro primer viaje en metro hasta King’s Cross Station. Aquí nos quedamos un ratito, aprovechando para visitar algunos negocios, comer y tomarnos un café mientras el horario de check-in del hotel no llegaba.

Nuestra estancia fue en un pequeño hotel de gestión bed & breakfast situado cerca del mercado de Camden. En este caso no os daré el nombre porque no hemos quedado totalmente satisfechos con el servicio ofrecido.  Si tenéis una reserva en la zona y queréis saber si se trata del mismo hotel, preguntarnos a través de nuestro mail: dellavalleblog@gmail.com. Os explicaremos los motivos y también la parte buena de nuestra estancia. Lo que para nosotros no fue positivo no tiene por que no serlo para otros.

Después de una pequeña pausa para recuperar fuerzas salimos camino a Westminster Abbey, donde nos encontramos con un evento muy especial: Fields of Remembrance. Los jardines de la Abadía se habían cubierto de pequeñas cruces de madera con los nombres de los caídos en la guerra por defender a su nación, acompañado todo esto por el símbolo de la amapola. La elección de esta flor no fue casualidad. Después de los bombardeos y las luchas durante la primera guerra mundial, el paisaje quedó totalmente devastado. Parecía que ya nada podría crecer allí, pero inesperadamente, las rojas amapolas surgieron en el terreno, en medio de todo aquel caos y destrucción. Me di cuenta de lo importante que es esta tradición para los británicos, los días siguientes me fijé que muchos decoraban sus abrigos con pins y joyas – broche con una amapola. Una tradición verdaderamente bonita y sentida, con la que no solo recordar, si no con la que también dar lugar a la esperanza, como las amapolas hicieron en su momento. La abadía de Westminster, por su parte, tan impresionante como siempre.

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Ya había oscurecido. La Elisabeth Tower, erróneamente conocida como Big Ben (Big Ben es el nombre de la gran campana de 13 toneladas y media que se encuentra en el interior de la torre), está situada al lado de la Abadía. Desafortunadamente estaba en obras y los andamios solo dejaban vislumbrar su gran reloj. Decidimos volver a verlo a la luz del día, junto con Houses of Parliament, ya que al día siguiente nuestro recorrido se iniziaría en ese lugar.

El resto de la tarde quisimos pasarla sin prisas y ver algunos de los puntos principales del West End. Así que caminamos hasta llegar a Trafalgar Square. Serían casi las 17.30 y los últimos visitantes de la National Gallery estaban saliendo, por lo que la plaza, ya habitualmente bastante concurrida, se llenaba cada vez más. Y aunque la Nelson’s Column sea uno de los puntos de mayor relevancia de la plaza, yo no puedo dejar de maravillarme por la majestuosidad de los edificios que la circundan, la fuente y, por supuesto, los leones.

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Continuamos caminando hasta Leicester Square y allí hicimos una parada en la tienda M&M’s World. Soy muy fan de los M&M’s, sobre todo los de cacahuete, pero es que allí mundos nuevos se abrían hacia versiones totalmente desconocidas. ¡Habían lanzado los M&M’s crunchy caramel! Y es que el chocolate con caramelo es una gran pasión compartida entre mi novio y yo, así que a pesar de las largas colas en caja, no pudimos resistirnos a comprarnos una bolsita de ellos.

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Más felices que dos enanos (golosos jajaja) nos dirigimos hacia Piccadilly Circus y allí nos encontramos con el London Pavilion, la gran pantalla. Era una locura, gente que rodeaba a jóvenes artistas que cantaban en la calle, otros que corrían con prisa hacia la estación de metro… Era un ritmo frenético, lo que veríamos luego que es lo habitual en la ciudad, y que curiosamente no había captado durante mi primer viaje. ¡Quizás sea cosa de la edad!

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Desde aquí empezamos a callejear de nuevo, llegando a Chinatown y luego a Soho. ¡¡Adoro el Soho!! ¡¡Y adoro sus locales, el rollo y el ambiente que se respira!! Pero poco a poco estaba apareciendo el cansancio. Llevábamos en pie desde las 3 de la mañana y no podíamos más. Así que una cenita rápida, y al hotel.

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Día 2.  La rivera del South Bank y la City.

Después de haberlo vivido, me parece todavía más locura de lo que me parecía el plan. ¡Pero lo conseguimos!

Nos levantamos sobre las 7 y desayunamos en el hotel (esa es la parte que más nos gustó de nuestra estancia en él: el desayuno). Ya con las panzas llenas, nos fuimos de nuevo a Westminster. En este momento sí que dedicamos un poco más de tiempo para disfrutar de las vistas de Houses of Parliament (también conocido como Palace of Westminster) y del reloj de la torre. Desde el puente de Westminster es maravillosa la vista.

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Cruzamos el puente y pasamos al ladito del London Eye. No lo había visto de cerca y su altura es imponente.

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Continuamos nuestro paseo y de repente una explosión de color con los grafitis del South Bank Centre. Fue imposible no pararse a hacer una foto.

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Poco después llegamos al Tate Modern. En Londres, muchos de los museos tienen acceso gratuíto, por lo que podréis desahogar vuestras ansias de arte, ciencia o historia sin temer por vuestra cartera. Y sí, ese es el caso de la que fue nuestra siguiente visita. Se trata de una galería de arte moderna y contemporánea que no os dejará indiferentes. Hicimos una visita por algunas de sus salas de las cuales me impactó especialmente una exposición dedicada al feminismo.

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Justo enfrente al museo nos encontramos con el Millenium Bridge, un puente peatonal diseñado por Norman Foster y Antony Caro, con excelentes vistas de la ciudad, y especialmente de la St. Paul’s Cathedral. Es un lugar genial para fotografiarla, sobre todo si encontráis el momento en el que el puente esté desierto.

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A pocos pasos, nos encontramos con el Shakespeare Globe. No entramos porque yo ya lo había visto, y preferíamos entrar para ver alguna obra de teatro. Recuerdo la visita guiada que hice casi 10 años atrás, cuando preparaba con el grupo de teatro la obra de Romeo y Julieta. Me encantó  ver el teatro por dentro así como el museo con los vestidos y el atrezo de la escena. Desafortunadamente, me informé mal en cuanto al tema de espectáculos. El Globe es un teatro descubierto, por tanto las representaciones en este área solo se celebran de abril a octubre. Yo me quedé con esto. De lo que me enteré más tarde, es que se realizan representaciones también en salas cubiertas durante la temporada de invierno, y que durante nuestro viaje hubiese podido ver Macbeth… 😦 Así que si sóis amantes de Shakespeare o de otros autores de la época no dudéis en informaros sobre los espectáculos a disposición durante vuestro viaje. ¡Nosotros lo tenemos pendiente!

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Desde aquí nos dirigimos a la Southwark Cathedral. Y en contraste con ella, vimos de fondo otra obra arquitectónica verdaderamente imponente: The Shard. Sin poder evitarlo, seguimos el camino hacia el altísimo edificio.

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Por fortuna, estábamos ya casi en Borough Market, porque el hambre nos estaba volviendo locos (tanto que hasta me olvidé de hacer fotos…). El mercado me enamoró completamente. Ofrece una amplia variedad de alimentos y comida para llevar de diferentes procedencias. Mi novio se decantó por unos noodles con pollo y yo por LA HAMBURGUESA. Y la llamo así, porque fue la mejor hamburguesa de mi vida. La cogí en un puesto llamado Big V London, especializado en hamburguesas veganas. Para terminar, nos cogimos una porción de Carrot Cake en Ion Patisserie para compartir (deliciosa). La gracia del mercado para nosotros, a parte de la gran calidad de los productos, es que cada uno pudo escoger el tipo de comida que le apetecía y disfrutarla juntos en una especie de parque con asientos situados en la entrada del mercado. Los precios son muy adecuados, £7,5  la hamburguesa, £10 los noodles con pollo y la porción de tarta por £2,5.

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Después de un café, iniciamos de nuevo nuestras andanzas. Continuamos caminando hasta llegar al City Hall. Si no lo conocéis os sorprenderá el aspecto tan moderno del Ayuntamiento de una ciudad con tanta historia, o al menos, esa fue mi sensación cuando lo vi durante la preparación del viaje.

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Y el contraste fue repentino al visualizar desde allí Tower Bridge y Tower of London en la otra parte del río. Desde el primer momento que vi el Tower Bridge en persona me enamoré. Tanto, que lo considero el puente más bonito del mundo. Es una verdadera obra de arte y una joya de la ingeniería. Pero esto último solo lo entendería después de entrar en su sala de máquinas. La entrada en el puente cuesta un poco menos de £10  por persona y no es necesario reservar con antelación. Las vistas desde las pasarelas superiores son impresionantes y además, en la parte central de las mismas hay un suelo de cristal desde el cual ver desde las alturas el Támesis y los automóviles y peatones que cruzan el puente. Mi fobia a las alturas me hizo pasar un momento de tensión, pero con la ayuda de mi novio y de una chica majísima del staff fui capaz de hacerme la foto sobre el cristal (ahora que lo de sentarme sobre él queda para la próxima – solo pensaba en poder salir corriendo si pasaba algo jaja). Ya aquí se nos presentó a través de una exposición fotográfica la historia del puente, algo que me resultó muy interesante. Pero la visita no termina con esto. Al salir del puente unas señas en la calle te llevan hasta la sala de máquinas. Allí, a través de la exposición de la maquinaria histórica y diversos vídeos y actividades interactivas nos ayudaron a comprender el funcionamiento de lo que en su día fue la vanguardia de la ingeniería y que permitía abrir y cerrar el puente a gran velocidad desde sus inicios hasta 1976. Fue entonces que, debido al gran costo de mantenimiento del mecanismo y el elevado número de personal que requería su correcto funcionamiento, se decidió cambiar por un sistema hidroeléctrico.

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Nuestra siguiente parada fue Tower of London. Entrar en ella y verla completa implica al menos media jornada, por lo que decidimos aplazar su visita para el futuro.

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Nos encaminamos hasta The Monument, la conmemoración del incendio de 1666.

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No estábamos lejos de St. Paul’s Cathedral, y ese era nuestro siguiente destino. En mi primera vez en Londres la vi de noche, y me hacía especial ilusión verla a la luz del día (aunque ya la hubiese intuido antes desde el Millenium Bridge). Nos sentamos a admirar la belleza de esta catedral y allí esperamos al atardece. Pasado un ratito, los levantamos y nos encaminamos hacia nuestro destino final.

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En Covent Garden se encendían las luces navideñas y era un evento que mi elfo de Santa Claus interior no podía perderse. Cuando llegamos un coro de gospel ambientaba la plaza del mercado y fue un broche de oro para una jornada de muchos quilómetros. Después de un ratito, y ya recuperadas las fuerzas, nos dedicamos a callejear y a  disfrutar de los negocios de la zona.

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Día 3. Día de realeza y de grandes visiones.

El miércoles nos pusimos en marcha temprano y nos dirigimos a Hyde Park.

file-46.jpegHicimos un pequeño paseo por el parque, para luego irnos hacia Buckingham Palace a presenciar el cambio de guardia. La verdad, me arrepiento de no haber contratado un tour guiado para conocer el mejor lugar desde donde verlo y entender lo que estaba sucediendo en cada momento. La multitud que presencia el evento lo hace demasiado caótico. Aunque la llegada a Buckingham Palace era prevista a las 11, nosotros estábamos allí ya unos 40 minutos antes, y fue necesario para coger una posición desde la cual ver, al menos, parte del cambio de guardia.

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Al finalizar, nos encontramos con una grata sorpresa. Con motivo del 70 cumpleaños del Príncipe Carlos, en Green Park vimos el Gun Salutes. Se trata de una serie de disparos hechos en este caso con cañones y usada como señal de respecto en ocasiones especiales. Era una estampa de película ver a todos los militares situados en distintos puntos del parque junto con los cañones y verlos disparar.

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Desde aquí, nos dirigimos al distrito financiario de Londres: la city. Nos decidimos por comer al aire libre, cerca de la Tower of London donde de nuevo nos esperaba el Gun Salutes. Estábamos destinados a verlo aunque no supiésemos de su existencia. Después de comer nos paseamos por la zona, para descubrir lo que las prisas del día anterior por llegar a Covent Garden nos habían hecho perder.

Ya para las 16.00h, estábamos en el 20 de Fenchurch Street. Sí, a los pies del conocido como Walkie Talkie por los londinenses, el famoso Sky Garden. Los tres últimos pisos del rascacielos están ocupados por unos jardines públicos cubiertos y con terrazas panorámicas con vistas espléndidas sobre toda la ciudad de Londres. La entrada es gratuíta, pero es necesario reservar con antelación, ya que hay un número limitado de plazas. Basta con entrar en su página web y la reserva estará disponible desde 1 o 2 semanas antes de la fecha en cuestión. Yo estaba empeñada en subir durante el atardecer, así que estuve pendiente de cuando abrieron el plazo para reservar, y mereció la pena. Después de hacer las fotos pertinentes y de haber disfrutado de las vistas, nos tomamos algo en el bar con los ojos puestos en una ciudad que nos estaba robando el corazón.

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Finalizada la visita, nos dirigimos a los grandes almacenes Harrods. En  realidad, teníamos planeada la visita después del cambio de guardia, pero decidimos posponerla, para este momento. Ver el edificio con todo el alumbrado de noche es un plus. Y aquí terminamos nuestro tercer día.

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Día 4. Notting Hill, Little Venice y British Museum.

Nuestra primera visita del día fue la London Central Mosque. Está permitida la entrada a los visitantes incluso a la zona de rezo, siempre que se saquen los zapatos, vayan vestidos adecuadamente y que las mujeres se cubran el cabello. El chico de seguridad fue muy amable con nosotros e incluso me permitió entrar en la zona de rezo de los hombres para hacer fotos del interior. Es la primera mezquita que veo en mi vida y me fascinó su simplicidad. A pesar de ello, su belleza es indudable.

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La sieguiente parada fue el Kensington Palace. En realidad, no es un edificio que ame particularmente de Londres, y en esta época del año sus jardines no están repletos de flores… pero igualmente, un paseo por Hyde Park de buena mañana es revitalizador.

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Desde aquí, nos dirigimos al barrio de Notting Hill. ¡No podía creerme que esta vez sí lo vería! Aunque llevaba el recorrido marcado, el color de las casas en las calles te arrastraban de unas a otras sin poder evitarlo. ¡Me encantaría vivir en Notting Hill! Así, visitamos entre otras Hillgate Street y Callcot Street, para luego ya encaminarnos hacia Portobello Road. Cada casita con su particular color reclamaba atención, tanto que casi se nos pasa desapercibido el nº22, la casa de George Orwell. Toda esta zona, así como el mercado de Portobello (que no pudimos ver en todo el esplendor de un sábado por la mañana) era un sueño para mí, que desde pequeña quise visitar. Nos hizo especial emoción ver el cartel de la librería de libros de viajes de la película Notting Hill.

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Continuamos caminando hasta encontrarnos con los canales, y esa sería nuestra próxima visita. Es curioso ver todas las embarcaciones y los cuidados que algunos de sus dueños hacen por ellas (decoradas con plantas, pintadas con diferentes motivos…). Al final de estos canales, nos encontramos con la conocida como Little Venice, con pubs dentro de las embarcaciones, y bonitos locales en los que disfrutar de las vistas. A pesar de todo esto, la zona de los canales nos dio cierta sensación de abandono y de suciedad…

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Nos dimos una pausa para comer y acto seguido nos pusimos rumbo a la British Gallery.

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Terminada nuestra visita, empleamos el resto de la tarde para reencontrarnos con un amigo y disfrutar de las últimas horas de la tarde de Londres en un típico pub inglés (The Bridge Tap).

Día 5. Un paseo fluvial, Greenwich y National Gallery

La mañana del viernes la ocupamos con un paseo en barco por el Támesis. Lo hicimos con la compañía Tames River Services.Compramos los billetes de ida y vuelta hasta Greenwich a través de Groupon.co.uk, ya que tenían un descuento con respecto al precio en taquilla. Era una mañana muy húmeda, con niebla, pero no queríamos perdernos las vistas desde la parte alta del barco. Un señor muy simpático nos explicaba (en inglés)  lo que estábamos viendo a uno y otro lado del río lo que lo hacía mucho más ameno. No pertenecía al staff y al final se pidió una donación voluntaria por su trabajo, algo que nosotros consideramos muy justo debido a la gran desenvoltura, alegría y la energía que puso en las explicaciones.

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Al llegar a Greenwich, lo primero que nos encontramos es el museo del Cutty Shark.

file-84.jpegEste velero del tipo clipper se encuentra situado en una plaza a pocos metros del embarcadero y la entrada se puede comprar singularmente o asociada al Royal Observatory of Greenwich. Esa sería nuestra segunda parada. Caminamos hasta Greenwich Park. El verde del cesped, los colores anaranjados de las hojas y las pequeñas colinas daban lugar a una estampa idílica. Por cuestión de tiempo no entramos en ninguno de ellos, aunque sí llegamos al recinto del Observatorio y vimos la famosa línea de los meridianos desde fuera.

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Después de esto regresamos al centro, que realmente me encantó y me daba la sensación de estar en cualquier otra ciudad inglesa más que en Londres.

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Después de comer, nos fuimos de nuevo al embarcadero de Greenwich y cogimos el barco de vuelta a Westminster. Nuestra siguiente parada sería la National Gallery, en la cual preferimos seleccionar los pintores que más nos interesaban y centrarnos en sus obras.

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Esa era nuestra última tarde en Londres (al menos por esta vez), así que nos tomamos la tarde-noche para nosotros, cenar tranquilos y relajarnos en una ciudad de la que nos llevaríamos más que un buen recuerdo.

Día 6. Camden Market y la vuelta a casa.

Después de desayunar y hacer el check out, nos fuimos a Camden Market. ¡Eran ya nuestras últimas horas en Londres! La verdad, es que no era el mejor horario para disfrutarlo, ya que las tiendecillas estaban todavía abriendo y muchos de los locales y puestos para comer estaban cerrados, pero las fachadas de los edicificios y los canales nos permitieron disfrutar igualmente de él.

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Desde aquí, nos dirigimos de nuevo al distrito financiero, concretamente a Liverpool Street, donde cogeríamos el bus hacia el aeropuerto. Íbamos con bastante adelanto con respecto a nuestro horario, por lo que decidimos comer con calma y dar un paseo por la zona. Lo genial de la historia es que sin quererlo nos vimos en medio del Old Spitafields Market, del que me enamoré completamente. Estaba lleno de puestos de productos artesanales y joyería de diseño en estilo minimal, camisetas con diseños muy originales, posters y diseños digitales únicos y exclusivos, gafas vintage, etc. En muchos casos, los dependientes de los puestos eran los mismos artistas o artesanos que habían creado el producto. Me lo hubiese comprado casi todo jajajaja. Después de esto, hicimos una parada en la famosa cadena de cafeterías COSTA e inmediatamente después… a coger el bus rumbo al aeropuerto. Londres, ¡ha sido un placer!

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