Siena en un fin de semana

Un poco de geografía e historia.

La ciudad de Siena está situada en la zona central de la Toscana, rodeada de un entorno natural formado por suaves colinas y característico por los cipreses, los olivos y los “potere” (nombre de las casas de campo tradicionales de la Toscana).

Está construída sobre tres colinas, lo que le confiere esa imagen de edificios a diferentes alturas. Es una de las ciudades medievales mejor conservadas de Italia, por este motivo, fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1995.

Es una ciudad rica en historia y arte. Sus orígenes no están muy claros, pero muchas testimonianzas históricas, hablan de un insediamiento etrusco. Por si prefiriésemos una historia con más fantasía, existe la leyenda de que Siena fue fundada por Senio y Ascanio, los hijos de Remo. Estos, habrían huído de Roma cuando su tío, Rómulo, asesinó a su padre. Por este motivo, el símbolo de Siena es, al igual que el de Roma, una loba, que será reprensentada en numerosísimas estatuas dispersas por toda la ciudad. Se dice que la estatua situada delante del Duomo, fue robada por Senio y Ascanio del Templo de Apolo, en Roma, antes de huir.

El gran desarrollo demográfico, económico y político de la ciudad no se produjo hasta el siglo X, gracias en gran parte a la Vía Romea o Francígena, que conectaba Francia con Roma. Fue precisamente esta toma de poder la que la convirtió en un enemigo de la gran Florencia. Su máximo explendor se produjo en el siglo XIV y afectó a los ámbitos político, económico, social y artístico. El siglo XV, sin embargo, constituye un importante declive para la ciudad, causado, en parte, por el fuerte impacto de la peste, que terminó con recursos económicos y humanos.

Curiosidades de Siena.

  • Siena está dividida en 17 contradas o barrios, con nombre de animal y con bandera propia.
  • La Piazza del Campo no pertenece a ninguna de las 17 contradas.
  • Su fiesta más importante es el Palio. En esta fiesta, las 17 contradas se enfrentan entre sí, en una carrera de caballos. Lo importante de esta carrera es que el caballo llegue a la meta, con o sin jinete. Se trata de una fiesta cuyo origen se podría remontar al siglo XVII y que se celebró de manera ininterrumpida hasta la actualidad (con excepción de los períodos en los que se produjeron la I y la II guerra mundial).
  • Sus colores son el blanco y el negro. La leyenda dice que hacen referencia a los colores de los caballos de Senio y Ascanio cuando fundaron la ciudad.

¿Qué ver en Siena? Nuestro recorrido.

Día 1.

El sábado 16 de marzo, nos levantamos con una maravillosa previsión meteorológica y un plan que esperaba desde hace muchísimo tiempo. Siena dista poco más de dos horas en coche desde nuestra ciudad, por lo que decidimos usar este medio para ir hasta allí.

Llegamos poco más tarde del mediodía, ya hambrientos. Nos habíamos preparado unos sandwiches para comer nada más llegar y no perder demasiado tiempo. Para ello elegimos sentarnos en los Jardines Públicos, donde además pudimos disfrutar de las primeras panorámicas de la ciudad.

Ya con las pilas cargadas, nos dirigimos hacia el centro, adentrándonos en estrechas calles delimitadas por imponentes edificios de piedra. La arquitectura medieval empezaba a hacerse sentir. Después de subir una bonita cuesta nos encontramos con la que sería nuestra segunda parada: el Palazzo Salimbeni. Se trata de la sede del banco más antiguo del mundo, fundado en esta ciudad y todavía hoy en funcionamiento: el Monte dei Paschi di Siena.

El edificio de piedra es la sede del banco Monte dei Paschi di Siena.

Estábamos ya en una de las calles principales de la ciudad, Via Banchi di Sopra. Avanzando por ella, descubrimos que está plagada de negocios, pero aún así no pierde su esencia medieval. El paseo estaba siento muy evocador y esto se acentuó cuando accedimos a la Piazza del Campo.

La plaza tiene un encanto especial. Su característica forma de concha y la architectura medieval tan bien conservada de los edificios que la rodean, es impresionante. Tiene una inclinación que alcanza su parte más baja delante del Palazzo Pubblico, antigua sede del Governo dei Novi de la República de Siena y actual sede del Ayuntamiento y del Museo Cívico.

Patio interior del Palazzo Pubblico

Es imponente su torre, la Torre Mangia, una de las más altas de la antigua Italia. Se dice que a pesar de ser construída desde un punto a menor altura que el campanile del Duomo, ambas torres alcanzan la misma altura. Esto servía como metáfora para simbolizar la igualdad entre el poder terrenal y celestial.

El peculiar nombre de la torre se debe a su primer guardián, Duccio. Este gastaba todo su sueldo comiendo en los restaurantes de Siena, razón por la cual se ganó el apodo “Mangiaguadagni” (mangia: come; guadagni:ganancias). Cuando Duccio perdió su trabajo al ser reemplazado por un reloj automático, los sienenses mantuvieron el nombre a la torre, ya que de un amante del buen comer vigilando la torre, pasaron a un reloj que requería mucho dinero, procedente de sus impuestos, para su mantenimiento. El nuevo reloj era, al igual que el guardián, un “Mangiaguadagni“.

Adyadente al Palazzo Pubblico, nos encontramos con la Cappella della Piazza que me cautivó por su techo y sus labrados. Es curioso, porque es el único edificio que sobresale hacia la plaza.


De frente, y en una de las zonas más altas de Il Campo está la Fonte Gaia. Y la loba, símbolo de la ciudad, está por todas partes.

Nos sentamos en el suelo, cerquita de la fuente, bajo el sol (casi) primaveral de la Toscana y observamos como un policía llamaba la atención a todos los que se acostaban en la plaza. ¡Ojito, porque te pueden multar por hacerlo! Mientras tanto, no podíamos dejar de pensar como sería la vida en aquella plaza y en aquellas calles empedradas hace unos cuantos siglos.

Después de la pausa, nos encaminamos hacia la Sinagoga de Siena. Había leído sobre su austeridad en el exterior, y al llegar, corroborré esta información. Estaba cerrada, por lo que no pudimos entrar y disfrutar de un interior que prometía más que su fachada.

“Víctimas de la reacción antijacobina y del odio antiebraico, trece ciudadanos judíos ardieron en Il Campo el 28 de junio de 1799 en manos de los fanáticos del “Viva María” que habían devastado el antiguo ghetto.”
Esta placa está situada en la fachada de la Sinagoga.

Nos dejamos perder un poco por las calles de la zona y, de repente, nos encontramos delante al Palazzo Chigi Saracini, sede de la Accademia Musicale Chigiana. Durante este período del año, se muestra desnudo. Durante el Palio, se viste con las banderas de las diecisiete contradas de Siena. Para poder ver todas las banderas juntas, fuera del período de la festividad, nos tendremos que dirigir a la Basílica Cateriana de San Domenico de la que os hablaré más adelante.

Continuamos caminando hacia el Duomo. Al llegar, su estilo gótico italiano me impresionó. Su construcción inició en el siglo XIII, y años más tarde, decidieron ampliarla, convirtiendo la parte inicial en una pequeña parte del proyecto.

Sin embargo, la llegada de la peste, se llevó por delante la vida de casi cuatro quintas partes de los habitantes de Siena y esto, paralizó el avance de la construcción. Hoy en día, el facciatone es una clara prueba de la magnificencia de lo que era el proyecto que la convertiría en una de las catedrales más importantes de Europa. Con la entrada al Duomo, además de la Librería Piccolomini, el Campanile, la cripta y el museo; se puede disfrutar de las impresionantes vistas de la ciudad desde el alto del facciatone.

Nosotros decidimos no entrar, ya que preferimos realizar la visita cuando podamos también disfrutar de los mosaicos del suelo, que permanecen cubiertos para evitar su deterioro. Los mosaicos se descubren durante unos dos meses al año, normalmente, coincidiendo con la celebración del Palio.

Continuamos admirando el Duomo y en la parte posterior, nos encontramos con la escalinata de San Giovanni. Mi novio no conocía la historia, por lo que en su anterior visita, la cruz presente en uno de los escalones se le pasó totalmente inadvertida. Dice la leyenda que, desde ahí, el diablo empujó a Santa Caterina de Siena provocando su caída.

Ya introducidos en la vida de esta santa sienense, nos dirigimos hasta el Santuario Casa de Santa Caterina. Se trata de un lugar dedicado a ella y localizado en la que era la casa de su familia, los Benincasa. No está permitido hacer fotos en el interior de muchas de sus salas, por lo que nos os puedo mostrar ninguna imagen. Yo, en realidad no conocía ninguna estructura similar. En cada una de las habitaciones (cocina y dormitorio por ejemplo), se realizaron distintos oratorios, en los que se explican escenas de la vida de Santa Caterina. Además, cuenta con una Iglesia y el Oratorio de la Tintoría (donde trabajaba su padre).

Después de la visita, continuamos caminando hacia la Basílica Cateriana de San Domenico. La simplicidad del interior a primera vista, me dejó impactada. Como ya os conté, dentro de la Basílica están colgadas todas las banderas de las contradas. Pero lo más impresionante no es esto. En una de las capillas de la Basílica, está expuesta la cabeza de Santa Caterina de Siena. Puede resultar un poco impactante, sobre todo, para los niños.

Al salir, ya estábamos cerca del coche y del hotel, por lo que decidimos recoger las maletas y hacer el check – in. Nos hospedamos en el NH Siena. Me encantó el hall del hotel, con una exposición de trajes masculinos de un sastre local y con difusores de fragancias de la marca Acqua dell’ Elba, cuyo perfume era extraordinario. Nos dieron una habitación con vistas al Estadio, lo que hizo feliz a mi novio, ya que una vez en la habitación pudo disfrutar del partido que acababa de empezar pocos minutos antes y desde un punto de vista privilegiado.

Una vez terminado el partido y después de relajarnos un poquito, ducharnos y arreglarnos, salimos de nuevo. Aunque teníamos ya investigado un poco sobre buenos restaurantes en la zona, nos cambió los planes la carta de un restaurante que nos encontramos de camino y con vistas panorámicas sobre la ciudad. Se trata de La Pizzeria di Nonno Mede. Al salir, lo buscamos en internet para luego hacer la recensión y vimos malas puntuaciones en el último período, sin embargo, nuestra experiencia fue muy buena. ¿Y qué comimos?

Ya habiendo probado la comida típica toscana y no siendo muy fan de la carne, decidí irme a por un entrante y un primero de mar: carpaccio de pulpo (que compartimos) y fettuccini con calabacín y almejas. Mi novio, no obstante, optó por un menú más toscano: variedad de quesos toscanos con mermelada y miel de entrante (que compartimos), risotto de porcini de primero (que probé y estaba espectacular) y cordero con ensalada como segundo. Como postre no pudimos escapar de nuestra pasión por la crema catalana. ¡Estaba todo riquísimo!

Después de la cena, decidimos pasear por las calles de la ciudad de noche y conocer su ambiente. Volvimos a Piazza del Campo y al Duomo, donde nos sentamos un rato hasta que el cansancio era ya tanto que decidimos encaminarnos de nuevo al hotel.

Día 2.

Nos fue imposible no remolonear un poco. ¡Estábamos destrozados de toda la semana de trabajo y del día anterior! Además, la cama era muy cómoda y la habitación muy silenciosa. Luego, bajamos a desayunar, y como siempre, el buffet de desayuno del NH, no defrauda.

Salimos del hotel y nos dirigimos a la Basílica de San Clemente in Santa Maria dei Servi. Es un lugar muy tranquilo, en ese momento totalmente solitario. Parecía haber salido de la ciudad y del bullicio, pero la estética medieval y el marrón anaranjado de la piedra de la iglesia nos devolvía a Siena.

Después de divertirnos un poco haciendo fotos, nos fuimos hacia Porta Romana, una de las puertas de la antigua muralla de la ciudad. ¡Después de un día en Siena, todavía no habíamos visto ninguna de estas puertas! Había leído que alguna de ellas todavía conservaba las puertas de madera originales, sin embargo, Porta Romana carecía de ellas.

Estábamos cerca de Orto dei Pecci, por lo que decidimos acercarnos. Sabía que desde este parque podría obtener una panorámica de Siena, pero sinceramente, no fue mi favorita. Desde la zona por la que entramos, me dio la sensación que más que un parque, era una zona verde reservada a los huertos de algunos sienenses. Nos paramos poco tiempo allí y volvimos hacia el centro, pasando por la Plaza del Mercado, donde nos encontramos con una feria de antiguariado. Se vendían objetos muy variados: desde vinilos a bolsos usados de firmas como Louis Vuitton o Gucci, desde antiguas joyas o broches a libros y postales.

Panorámica desde Orto dei Pecci

Continuamos caminando y llegamos a otro de los parques que tenía señalados, el Orto dei Tolomei. Desde aquí, la panorámica me resultó mucho más sugestiva, y pude saciar mis ganas de fotografiar la ciudad desde una perspectiva como era aquella.

El lugar tenía su encanto, con mesas de merendero y bancos donde sentarse a comer o a trabajar y estudiar, como algunos estaban haciendo. La única pega es que los jardines estaban demasiado sucios, con botellas y plásticos esparcidos entre la hierba.

Panorámica desde Orto dei Tolomei

Después de esa bocanada de aire puro, volvimos hacia el centro y entramos en la contrada de la Tortuga. Me encantó su bandera y la fuente dedicada a este reptil. Paseando por el barrio nos encontramos con una ciaccineria, y el olor a comida nos embriagó. No teníamos mucha hambre, aún así decidimos probar esa especialidad toscana en un local con muy buenas recensiones en TripAdvisor, La Piccola Ciaccineria. Para los que no lo conozcáis, el ciaccino, es una especie de focaccia rellena típica de la Toscana y especialmente, de Siena. ¡Os recomendamos que vayáis a probarlo! El local es pequeño y no tiene puestos para sentarse, pero este tipo de comida es ideal para llevar y disfrutar en la calle.

Después del almuerzo dimos nuestro último paseo por la ciudad antes de despedirnos de ella. Lo que tenemos claro, es que no sera nuestra última vez en Siena.

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